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Vida y Obra Carl Gustav Jung | | | Mi vida es una historia de la auto realización del inconsciente, así comienza Jung su biografía. 
Estas palabras ya nos adelantan su posición. Los acontecimientos que le impactaron fueron los producidos internamente. Nace en Suiza, el 26 de julio de 1875. Su infancia transcurre en Basilea, donde su padre Johann Achilles Jung era pastor protestante. De éste siempre recordó con desagrado las discusiones que sostenían a menudo sobre temas religiosos y de las cuales siempre salían descontentos. Al respecto Jung decía: “Toda una serie de indicios me convencían de que lo que mi padre sentía eran dudas de su fe y me parecía inconcebible que no sintiera la experiencia de Dios, la más evidente de todas”. Murió en estas condiciones a comienzos del año 1896, cuando Jung tenía veintiún años y estaba ingresando a la facultad de medicina. "Mi madre , dice, siempre represento para mi el más firme apoyo en los conflictos entre la tradición paterna y las extrañas imágenes compensatorias cuya creación en mi inconsciente se partía impulsado. Retrospectivamente, veo en qué medida mi desarrollo infantil anticipaba acontecimientos y preparaba futuros modos de adaptación a la ruptura religiosa con mi padre; así como a la trágica revelación de la imagen real del mundo, que ciertamente tampoco surgió de ayer para hoy, sino que ha proyectado sus sombras por largo tiempo. | |
Cuando tenía nueve años, nació su única hermana, Gertrud, con la cual mantuvo siempre una relación afectuosa y de respeto. A la edad de doce años, unos sufrió mareos y desmayos causados aparentemente por un golpe que se dio una causa de un empujón que le propinó un compañero de estudios. El mal se manifestaba cada vez que tenía que ir al colegio o hacer sus tareas. Malgastaba mi tiempo en vagabundear, leer, jugar y coleccionar. Sin embargo, no se me partía con ello más feliz, sino que me daba cuenta de modo vago que lo qué hacía era huir de mi mismo. Un día oyó una conversación que su padre sostenía con un amigo. Hablaban sobre su enfermedad y su padre Al respecto decía: "Los médicos no saben qué es en definitiva lo que tiene. Creen que sea epilepsia. Sería terrible si resultara ser algo incurable, pues yo he perdido mis escasos ahorros y ¿qué sería de él si no pudiera ganarse la vida? " 'Me sentí alcanzado por un rayo. Fue el choque con la realidad, Comencé a trabajar, a estudiar con ahínco hasta que vencí los desmayos, primero uno, otro después, así hasta que volví al colegio donde no experimente mareo alguno. El encanto había desaparecido, aquí aprendí lo que era una neurosis. Los eventos decisivos en la infancia de Jung no los encontraremos nunca en la secuencia lógica de la vida cotidiana, sino en el mundo de su imaginación, sus ricos y significativos sueños, fantasías, visiones, asimismo, especulaciones y sus experiencias religiosas de las cuales no hablaba con nadie pues las consideraba un secreto. Toda mi juventud, dice, "Puede compendiarse bajo el concepto del secreto. A causa de ello me réfugié en una soledad casi insoportable. Hoy, como ayer, soy un solitario, porque sé cosas que otros no y que saben generalmente no quieren saber ". |
Años de Estudiante | | 
| A los veinte años comenzó a estudiar medicina en la universidad de Basilea. Fue una época muy difícil pues su padre acababa de morir y la familia quedó en serias dificultades económicas. La ayuda de dos tíos hizo posible que continuara con sus estudios universitarios. "En la pobreza se aprenden a valorar las cosas más simples." La época universitaria fue una bella época para mí. El espíritu lo avivaba todo y fue también una época de amistades”. Al finalizar el segundo semestre de medicina, descubrió en la biblioteca del padre de un compañero un manual sobre aparecidos. Se trataba de un informe sobre espiritismo escrito por un teólogo, el cual disipó todas las dudas que aún tenía respecto a sus historias infantiles. “No podía ser que en todas partes existieran las mismas creencias religiosas. Esto, por lo tanto, debía estar relacionado con el comportamiento objetivo del alma humana. Estas observaciones fueron sus primeros contactos con los fenómenos psíquicos objetivos, aunque sobre esto no tenía más datos que lo que decían los filósofos. Entre 1895 y 1899 realizó con una prima materna, Helene Preiswerk, experimentos sobre espiritismo. Poco antes de comenzar estos experimentos ocurrieron en su casa dos hechos fantasmagóricos (hoy explicados como fenómenos kinéticos). Jung estaba en su escritorio y el tope de una mesa de nogal se partió en dos haciendo un gran estrépito. Dos semanas más tarde, un cuchillo de pan que estaba en una gaveta se partió en cuatro haciendo un ruido similar al anterior. Estas experiencias, conjuntamente con los experimentos, le sirvieron más adelante de base para la elaboración de su tesis doctoral, la cual llamó “Sobre la psicología y patología de los llamados fenómenos ocultos”. Hasta sus últimos años Jung permaneció interesado en los llamados fenómenos ocultos, pero su atención pasó del espiritismo a los fenómenos de sincronicidad. En 1950 publicó su libro Sincronicidad: un principio conector acausal. Durante los años veinte aplicó el concepto de sincronicidad a los llamados métodos mánticos, tales como la astrología y el oráculo chino I Ching, dedicando gran parte de su tiempo a este trabajo. Hizo experimentos con el oráculo y discutía sus respuestas con su amigo el sinólogo Richard Wilhelm. Pero con el transcurrir del tiempo consultó el libro cada vez menos, pues sentía que: “uno debe aprender a caminar en la oscuridad o tratar de descubrir si el agua nos sostendrá “. | |
Tenía intenciones de estudiar medicina interna, pero cuenta: “mi reacción apasionada surgió cuando leí en el Krafft-Ebing lo del carácter subjetivo del manual de psiquiatría. Así pues, pensé yo, también este libro es en parte la confesión subjetiva del autor, que con sus prejuicios, con la totalidad de su propia existencia, se encuentra detrás de la objetividad de las experiencias y responde a la enfermedad de la persona con toda su personalidad. No había oído nunca nada semejante de mis profesores de clínica”. En julio de 1900 se graduó de médico, año en el que Freud publicaba su Interpretación de los sueños. En diciembre de ese mismo año comenzó a formar parte del equipo de médicos del hospital mental de Burghölzli, como asistente del profesor Eugen Bleuler. Lo que realmente le interesaba entonces era investigar el significado del comportamiento del lenguaje psicótico. Fue una época de aprendizaje, en la que se dispuso profundizar las grotescas estructuras verbales utilizadas por los psicóticos para así iluminar la historia de vida del paciente sobre la base de estos significados ocultos. Presentó los resultados de sus investigaciones en dos monografías, a la primera la llamó Psicología de la demencia precoz y, a la segunda, Los contenidos de la psicosis, publicadas en 1906 y 1908, respectivamente. La demencia precoz, término acuñado por el profesor Bleuler, se conocería más tarde como esquizofrenia. Entre 1904 y 1905, fundó en la clínica psiquiátrica un laboratorio de psicopatología experimental. Deseaba investigar a fondo los aspectos psicológicos de las neurosis por medio de un experimento de asociación de palabras. Estos experimentos lo condujeron al descubrimiento de complejos de tono afectivo, es decir, contenidos autónomos del inconsciente que se manifestaban en el experimento como interferencias. Estos años fueron decisivos para su desarrollo posterior y cuando cumplió ochenta años recordaría estos momentos como la entrada al monasterio del mundo. |
Sigmund Freud | |
| Los escritos de Freud constituyeron una experiencia fundamental en los estudios de Jung. La Interpretación de los sueños lo impresionó notablemente. En 1906 Jung le envió a Freud una copia de su libro Psicología de la demencia precoz y éste le respondió con agradecimiento y críticas. En 1907 Jung fue a Viena invitado por Freud, y estuvieron reunidos durante trece horas consecutivas. Comenzaron a la una de la tarde y hablaron ininterrumpidamente hasta las dos de la madrugada. “Freud”, dice Jung, “fue el primer hombre realmente importante con el que me había topado, ningún otro podía comparársele. Lo que dijo entonces sobre su teoría sexual me impresionó. Sin embargo, sus palabras no lograron disipar mis dudas y reflexiones. Yo traté de manifestárselo en varias oportunidades, pero él lo atribuía a mi falta de experiencia.” En 1909, renunció a su puesto en Burghölzli para dedicarse a su consulta privada en Küsnacht, donde se había construido una casa a orillas del lago. En ese mismo año viajó con Freud y Ferenczi a los Estados Unidos, específicamente a la Universidad de Clark, donde expuso los resultados de sus experimentos sobre asociaciones de palabras y Freud habló acerca de su teoría psicoanalítica. Sobre este viaje Jung relata: “Emprendimos el viaje en Bremen en 1909. Éste duró siete semanas. Estuvimos juntos todo el tiempo y todos los días analizábamos nuestros sueños. Tuve entonces sueños muy importantes con los que Freud no supo qué hacer. No le hice por ello censura alguna, pues el mejor analista puede fallar al descifrar el acertijo que es un sueño. Era un fallo humano y nunca me hubiera atrevido a interrumpir nuestros análisis. Por el contrario, éstos eran para mí de vital importancia y nuestra relación me resultaba sumamente valiosa. Consideraba a Freud un personaje de más edad, maduro y de mucho más experiencia y a mí, como un hijo. Sin embargo, sucedió algo que supuso un duro golpe en nuestras relaciones.” “Freud tuvo un sueño, cuyo contenido no estoy autorizado a revelar. Lo interpreté lo mejor que pude, pero añadí que se podían deducir muchas más cosas si él quería comunicarme algunos detalles de su vida privada. Ante estas palabras Freud me miró extrañado, -su mirada estaba llena de desconfianza- y me dijo, “el caso es que no puedo arriesgar mi autoridad”. En ese instante, la perdió. Esta frase se me grabó en la memoria. En ella estaba escrito el final de nuestra relación. Freud colocaba la autoridad personal por encima de la verdad”. “Freud no pudo, como digo anteriormente, interpretar mis sueños de entonces más que parcialmente o, en algunos casos, en absoluto. Se trataba de sueños de significado colectivo con gran cantidad de material simbólico. Hubo uno de especial importancia para mí, pues me sugirió por primera vez el concepto de inconsciente colectivo y constituyó una especie de introducción a mi libro Símbolos y transformación de la libido. | | 
El sueño fue el siguiente: me encontraba en una casa desconocida que tenía dos plantas. Era mi casa. Yo me hallaba en la parte superior. Allí había una especie de sala de estar donde se veían bellos muebles antiguos al estilo rococó. De la pared colgaban valiosos cuadros antiguos. Yo me admiraba de que tal casa pudiera ser la mía y pensé, no esta mal, pero entonces caí en cuenta de que todavía no sabía qué aspecto tenía la parte inferior. Descendí la escalera hacia la planta baja. Allí todo era mucho más antiguo y vi que una pared de la casa pertenecía al siglo XV o XVI. El mobiliario era propio de la edad media y el pavimento era de ladrillos rojos. Todo estaba algo oscuro. Yo iba de una habitación a otra y pensaba: ahora debo explorar toda la casa. Llegué a una pesada puerta y la abrí. Tras ella descubrí una escalera de piedras que conducía al sótano. Bajé. Me encontré en una sala muy antigua bella y abovedada. Inspeccioné todas las paredes y descubrí que entre las piedras del muro había capas de ladrillos. Aumentó mi interés. Observé el pavimento. Era de baldosas y en una de ellas descubrí un anillo que al tirar de él levantó la loza y nuevamente hallé una escalera, que esta vez era de peldaños de piedra muy estrechos, que conducían hacia el fondo. Bajé y llegué a una pequeña gruta. En el suelo había mucho polvo, huesos y vasijas rotas, como restos de una cultura primitiva. Descubrí dos cráneos humanos semidestruidos y al parecer muy antiguos. Entonces me desperté”. “De todo esto, lo que interesó realmente a Freud fueron los dos cráneos: una y otra vez volvía a hablar de ellos y me insinuaba que intentara hallar un deseo en relación con ellos. ¿Qué pensaba yo sobre los cráneos? ¿De quién eran? Naturalmente, yo sabía exactamente a dónde quería llegar. Él pensaba que en el sueño se ocultaban deseos de muerte, pero yo me preguntaba ¿qué quiere realmente? ¿A quién debo desearle la muerte? Me opuse a tal interpretación e incluso llegué a vislumbrar lo que realmente significaba este sueño, pero todavía no confiaba en mis opiniones y me interesaba oír las suyas. Quería aprender de él. Así pues, me dejé llevar por sus intenciones y le dije: ‘son de mi mujer y mi cuñada’, pues tenía que nombrar a alguien a quien valiera la pena desearle la muerte.” “Freud pareció aliviado por mi respuesta, pero me di cuenta de que se hallaba indefenso ante tales sueños y se refugiaba en su doctrina. A mí me interesaba comprender el verdadero sentido del sueño. Me resultaba evidente que la casa representaba mi psique con sus complementos hasta entonces ignorados. La conciencia estaba representada por la sala de estar. En la planta baja comenzaba ya el inconsciente y cuanto más descendía, más extraño y oscuro se volvía. En la gruta hallé restos de una cultura primitiva, que apenas puede ser alcanzada por la conciencia”. “En este sueño se retrocedía hasta los fundamentos de la historia de la cultura de una historia de estados de conciencia sucesivos. Representaba algo así como un diagrama estructural del alma humana, una premisa de naturaleza totalmente impersonal. Esta idea dio en el blanco y el sueño se convirtió para mí en una imagen directriz que, en los próximos años se confirmaría de un modo desconocido por mí. Tuve el primer presentimiento de una psique colectiva, a priori de la personal. Sólo más tarde, al aumentar mi experiencia y profundizar mis conocimientos, reconocí en sus funciones las formas instintivas.” | 
| | Los Arquetipos | “El sueño de la casa despertó mi antigua afición por la arqueología. Comencé a leer obsesionado y me abrí paso con apasionado interés entre una montaña de libros sobre mitología y gnosticismo. Terminé en una total confusión. Me sentí como en un manicomio imaginario y comencé a analizar y a “tratar” a todos los centauros, ninfas, dioses y diosas como si fueran mis pacientes. En este trabajo descubrí la relación de la mitología con la psicología de los primitivos, lo cual me exigió posteriormente un estudio intensivo.” Durante ese estudio encontró el trabajo de una joven norteamericana, desconocida para él, Miss Miller, que había sido publicado por su amigo Théodore Flournoy en los Archivos de Psicología y quedó profundamente impresionado con el carácter mitológico de sus fantasías. Esto produjo un efecto catalizador para las ideas que todavía tenía desordenadas. Progresivamente surgió de ellas y de sus conocimientos sobre los mitos, el libro Símbolos y transformación de la libido. | | La publicación de este libro ocasionó la ruptura definitiva de relaciones entre Freud y Jung. En 1950, Jung comentaría en retrospectiva la génesis de este trabajo así: “toda esta idea surgió como un deslave que no puede frenarse. La necesidad subyacente sólo se me aclararía más adelante. Fijé la explosión de esos contenidos psíquicos que no encontraron espacio en la atmósfera constreñida y visión estrecha de la psicología freudiana.” Era la situación arquetipal del discípulo abandonando al maestro. Pero Jung también experimentó la situación como un gran sacrificio. “Cuando finalicé el capítulo sobre el sacrificio, sabía de antemano que este libro me costaría mi amistad con Freud. Tenía que exponer allí mi noción del incesto, la transformación decisiva del concepto de libido, además de otras ideas por las que me diferenciaba de Freud. Durante dos meses no fui capaz de agarrar mi pluma, así de atormentado me tenía el conflicto. A menudo me preguntaba ¿debo guardarme mis ideas o correr el riesgo de perder tan importante amistad? Freud insistía en la interpretación sexual y no podía captar la interpretación del incesto como símbolo. Yo sabia que él nunca lo aceptaría”.Texto de la columna derecha |
El Análisis del Inconsciente | | | 
Después de separarse de Freud, comenzó para él un período de mucha inseguridad e incluso de inadaptación. No había podido encontrar su camino. Quería tener una nueva actitud psicológica, especialmente frente a sus pacientes. En esos momentos de incertidumbre, Jung comenzó a experimentar con sus sueños y fantasías, tratando de entender todos los contenidos que surgían del inconsciente. “El sueño”, dice, “me preocupó durante mucho tiempo. Naturalmente, había aceptado la idea de Freud de que en el inconsciente se hallan reliquias de antiguas experiencias”. Pero entonces sus sueños, y la auténtica vivencia del inconsciente, lo llevaron a opinar que “esas reliquias no eran formas muertas, sino que forman parte de la psiquis viva. Mis posteriores investigaciones confirmaron esta hipótesis y en el transcurso de los años surgió de ella la teoría de los arquetipos.” “Los sueños me impresionaban, pero no podían ayudarme a vencer mi sensación de desorientación. Por el contrario, vivía como bajo una opresión interna. Con el tiempo se hizo tan fuerte que supuse debía existir en mí un trastorno psíquico. Por dos veces repasé todas las particularidades de mi vida, especialmente los recuerdos de mi infancia, pues creía que quizás había algo en mi pasado que pudiera considerarse como causa de mi trastorno. Pero la ojeada retrospectiva resultó infructuosa y tuve que aceptar mi ignorancia. Me dije: no sé en absoluto lo que hago ahora, ni lo que me sucede. Así pues, me abandoné voluntariamente a los impulsos del inconsciente”. “Para captar las fantasías que me movían tuve ‘subterráneamente’, por así decirlo, que dejarme sumir en ellas. Oponiéndome experimentaba no sólo resistencias, sino que sentía incluso un miedo muy fuerte. Temía perder mi autocontrol y convertirme en víctima del inconsciente, y lo que esto significaba me resultaba, como psiquiatra, sumamente claro. Pero debía arriesgarme a apresar estas imágenes. Si no lo hacía, corría el riesgo de que ellas me apresaran a mi”. | |
En tales incursiones por el mundo de los sueños y las fantasías, emergió una figura del inconsciente, que entre todas despertó un especial interés en Jung. A esta figura la llamó Filemón y éste era un pagano que aportaba una influencia egipcio-helenística con matiz gnóstico. “Filemón y otras figuras de la fantasía me llevaron al convencimiento de que existen otras cosas en el alma que no hago yo, sino que ocurren por sí mismas y tienen vida propia. Filemón representaba una fuerza que no era yo. Tuve con él conversaciones imaginarias y hablaba de cosas que yo nunca había imaginado saber. Me di cuenta de que era él quien hablaba y no yo. Él me explicaba que yo me comportaba con mis ideas como si las hubiera creado yo mismo, mientras que, en su opinión, estas ideas poseían vida propia como los animales del bosque o los hombres en una habitación o los pájaros en el aire: así iba yo familiarizándome paulatinamente con la objetividad psíquica, la realidad del alma. Desde el punto de vista psicológico, Filemón era una actitud superior. Era para mí una figura misteriosa que a veces se me aparecía de un modo casi real. Me paseaba con él por el jardín y representaba para mí lo que los hindúes llaman un gurú”. “Los años en que yo estaba procesando mis imágenes internas fueron los más importantes de mi vida -en ellos se decidió todo lo esencial- todo comenzó allí, los detalles posteriores sólo fueron añadiduras y aclaratorias al material que emergió del inconsciente y me inundó. Fue la materia prima para el trabajo de toda mi vida”. Jung interpretó la mandala (sánscrito: círculo) como un símbolo de totalidad humana o como la auto representación del proceso psíquico llamado individuación. En sueños y fantasías la mandala aparece espontáneamente, generalmente como un intento inconsciente de autocuración en los estados de desorientación psíquica. Representa un sistema ordenado que se súper-impone al caos psíquico de tal manera que la tendencia centrífuga de la totalidad es mantenida dentro del círculo protector y, al mismo tiempo, al individuo se le da ubicación dentro del contexto transpersonal. En 1916 su amigo Richard Wilhelm le envió un manuscrito que acababa de traducir del chino: El secreto de la flor de oro. Fue una revelación. Allí estaban contenidas las aproximaciones y conclusiones que Jung había encontrado en sus estudios sobre alquimia y que aparecían en los sueños de sus pacientes. Había encontrado un nexo entre sus hipótesis y la historia de la humanidad. | | |
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| | Psicoterapia | "Sobre la base de su propia experiencia durante la confrontación con el inconsciente, Jung desarrolló la técnica de imaginación activa para su práctica analítica. Como resultado de mi experimento, dice, aprendí cuan útil puede ser desde el punto de vista terapéutico encontrar las imágenes que se esconden detrás de las emociones." Este proceso de hacer conciencia es generalmente el resultado de la interpretación de los sueños, pero puede profundizarse a travé s de la imaginación activa. Este método implica una inmersión consciente en el inconsciente, cuyos contenidos son entonces observados y meditados. Para Jung, la psicoterapia era tan individual como individuos habían. Él solía decir: “necesitamos diferentes lenguajes para cada paciente. En un análisis pueden escucharme hablando en dialecto adleriano y en otro freudiano. El punto crucial es que yo confronte al paciente como un ser humano a otro. El análisis es un diálogo que necesita de dos, analista y paciente encarándose y mirándose a los ojos”. | |

Lo que más le interesaba de su trabajo no estaba relacionado con el tratamiento de las neurosis, sino más bien con el acceso a lo numinoso1. “Pero el hecho real es que el acceso a lo numinoso es la verdadera terapia y en la medida en que usted accede a las experiencias numinosas usted se libera de la patología y hasta el propio mal toma características numinosas” Este acceso a lo numinoso se hace a través del proceso de individuación, el cual para Jung sólo era posible en la segunda mitad de la vida. (Jung decía que la primera mitad era de formación y la segunda de individuación). La individuación tiene dos aspectos fundamentales: primero, es un proceso interno, subjetivo, de integración. Segundo, es un proceso igualmente indispensable de relación objetiva. El uno no puede existir sin el otro, aunque algunas veces uno de los dos predomina. |
Su Familia... | |  | Si examinamos la experiencia de Jung con lo femenino y con las mujeres, en especial sus recuerdos más tempranos y la configuración familiar, tal vez podamos encontrar claves para entender mejor el sistema psicológico que él creó. Claves que pueden separar lo transitorio (y tal vez complejo) de lo que es más duradero. La historia se apoya en lo particular, en las fortalezas y debilidades individuales, en las heridas, su curación, sus cicatrices, y en las luchas internas y los asuntos inconclusos de sus participantes. Para Jung, su era, y la teoría analítica en general, lo femenino es todo eso, pero, sobre todo, es asunto inconcluso. Se casó en 1903 con Emma Rauschenbach, la cual tenía 21 años, hija de una familia de industriales. La había conocido seis años antes en casa de unos amigos y desde que la vio bajando por unas escaleras, comentó ésa será mi esposa. Del matrimonio nacieron cinco hijos, cuatro niñas y un varón. Emma era una persona inteligente, callada. La seriedad y la espontaneidad eran parte de su naturaleza y poseía una gran paz interior que complementaba de maravilla el tan a menudo tempestuoso temperamento de Jung. En muchísimos aspectos su sentido de la realidad era superior al de su marido, razón por la cual fue para él de gran ayuda.
Años más tarde, cuando Toni Wolff apareció en su vida, hecho de mucha importancia para él, especialmente cuando sentía que estaba perdiendo su camino, Emma acalló su hostilidad y aprobó un modus vivendi donde Toni fue admitida en el círculo familiar, y la naturaleza de su relación con Carl fue tácitamente aceptada. Emma le comentaría a Bárbara Hannah, su gran amiga y colega, “él nunca me quitó nada para dárselo a Toni, sino que mientras más le daba a ella, parecía capaz de darme más a mí”. Más significativo aún fue lo que le comentó a otro amigo, “siempre le estaré agradecida a Toni por hacer con mi esposo lo que yo ni nadie más pudo hacer por él en los momentos más críticos”. Sin embargo, hay ciertas indicaciones que detrás de esta aceptación, el arreglo hirió profundamente a ambas mujeres, que ambas sufrieron una inmensa soledad, y que ambas lucharon heroicamente para mantenerse en la esfera asignada por Jung y su cultura. Parece que ambas tenían una personalidad más grande que lo aceptado por la visión externa que Jung tenía sobre las mujeres, y, no obstante, fue precisamente el apoyo y estímulo que él les dio lo que permitió que se desarrollara este espacio mayor de personalidad.
| | Toni cargó con todo el peso de la proyección de su ánima, así como con sus desesperos y terrores, hasta que la personificación del ánima en sus fantasías se diferenció lo suficiente como para que él necesitara menos de una mujer que mediara su trabajo con el inconsciente. En vista de que el ánima es la personificación de todo lo femenino que hay en el hombre, Toni evidentemente avanzó el proceso de individuación en Jung, permitiendo que integrara lo femenino en él y llegara así a la madurez. Volviendo a Emma, ésta, a su vez, no sólo se encargaba de los hijos y de la casa, sino que aprendió matemáticas, latín, griego y dedicó mucho tiempo al estudio de viejos textos en francés. Mantuvo correspondencia con Freud, a pesar de la ruptura de su marido con éste y sus cartas contienen un alto grado de humanidad, calidez y gran sensibilidad psicológica. En junio de 1909, la familia se mudó a una casa propia en Küsnacht, cerca de Zurich. Arriba de la puerta de entrada le hizo grabar la siguiente frase: vocatus atque non vocatus deus aderit, lo cual significa, “evocado o no Dios estará presente”. Ésta fue la respuesta que el oráculo délfico les dio a los lacedemonios cuando estaban planificando la guerra contra Atenas. Jung solía explicar, “yo he puesto la inscripción para recordarle a mis pacientes y a mi mismo que el temor al Señor es el principio de la sabiduría”. En el jardín de la casa todavía puede verse la figura de un hombrecito tallada en piedra que Jung llamó atmavictu, “soplo de vida”, en alusión a los kabires, esos dioses de la naturaleza que eran concebidos unas veces como enanos y otras como gigantes, y eran el vínculo con los poderes creativos del alma y de la vida. |

| | El Torreón
| | “Desde el comienzo”, dice Jung, “yo sabía que me iba a construir una casa cerca del agua. Pero no fue hasta 1921 que compré un terreno en Bollingen”. | | El torreón en Bollingen fue para Jung no sólo un lugar de recreo, sino que allí pasó aproximadamente la mitad de su vida, trabajando y descansando. Allí solía izar una bandera que indicaba a los visitantes que no eran bienvenidos, que en esos momentos prevalecía la soledad. “La soledad”, decía, “es para mí una fuente de curación que hace que mi vida tenga sentido vivirla. Hablar es a menudo para mí un tormento y yo necesito muchos días de silencio para recobrarme de la futilidad de las palabras”. Esta necesidad de soledad no le impidió, sin embargo, que a menudo invitara a amigos y discípulos a tertulias o a comer, haciéndolos participar en las tareas diarias. “En Bollingen estoy en el centro de mi propia vida, soy mucho más yo mismo. Por momentos siento que soy parte del paisaje y que estoy dentro de las cosas, que estoy viviendo en cada árbol, en el batir de las olas, en las nubes, en los animales que van y vienen, en la sucesión de las estaciones”. |
Últimos pensamientos | | 
| Ya al final de su vida, Jung decía, “nosotros no sabemos hasta dónde puede llegar el proceso del devenir consciente y hacia dónde desviará al hombre. Es algo nuevo en la historia de la creación, para lo que no existe término comparativo alguno. La necesidad de la expresión mítica se satisface si tenemos un criterio que explique suficientemente el sentido de la existencia humana en el universo, un criterio que proceda de la totalidad anímica, concretamente de la cooperación entre conciencia e inconsciente”... Más adelante señala, “las manifestaciones arquetípicas se basan en premisas instintivas y no tienen nada que ver con la razón; no están fundamentadas racionalmente ni pueden omitirse mediante argumentos racionales. Fueron y son desde siempre parte de la imagen del mundo, -representaciones colectivas-, tal como las definió correctamente Lévy-Bruhl. Ciertamente el yo y su voluntad desempeñan un gran papel. Lo que el yo quiere es, sin embargo, en gran medida y de un modo casi siempre inconsciente para él, trabado por la autonomía y numinosidad de los procesos arquetípicos. La consideración práctica de los mismos constituye la esencia de la religión, en cuanto ésta puede quedar sometida a un punto de vista psicológico”. “Es importante que tengamos un secreto y el presentimiento de algo incognoscible. Ello llena la vida de algo impersonal, de un numinoso. Quien no ha experimentado esto, se ha perdido de algo importante. El hombre debe percibir que vive en un mundo que en cierto sentido es enigmático. Que en él suceden y pueden experimentarse cosas que permanecen inexplicables y no tan sólo las cosas que acontecen dentro de lo que se espera. Lo inesperado y lo inaudito son propios de este mundo. Sólo entonces la vida es completa. Para mí la vida fue desde el comienzo infinitamente grande e incomprensible”. | | “De mí estoy asombrado, desilusionado, contento. Estoy triste, abatido, entusiasmado. Yo soy todo esto también, y no puedo sacar la suma. No estoy en condiciones de comprobar un valor o una imperfección definitivos. No tengo juicio alguno sobre mi vida ni sobre mí. De nada estoy seguro del todo. No tengo convicción alguna definitiva. Propiamente de nada. Solo sé que nací y existo y me da la sensación de ser llevado. Existo sobre la base de algo que no conozco. Pese a toda la inseguridad, siento una solidez en lo existente y una continuidad en mi ser”. El mundo en el que nacemos es rudo y cruel y, al mismo tiempo, de belleza divina. Es cuestión de temperamento creer qué es lo que predomina: el absurdo o el sentido. Si el absurdo predominara se desvanecería en gran medida el sentido de la vida en rápida evolución. Pero tal no es -o no me parece ser- el caso. Probablemente, como en todas las cuestiones metafísicas, ambas cosas son ciertas: la vida es sentido y absurdo, o tiene sentido y carece de él. Tengo la angustiosa esperanza de que el sentido prevalecerá y ganará la batalla”. “Esas dos cosas, la inmensa concentración en el mundo interior y la respuesta inmediata a las otras personas, son para mí la síntesis del hombre total” decía Jung. Carl Gustav Jung, nacido el 26 de julio de 1875, murió en gran paz el 6 de junio de 1961, después de una corta enfermedad en su casa de Küsnacht. Tenía casi ochenta y seis años. La inscripción en su tumba en el cementerio de Küsnacht dice: (1 Corintios 15:47) Vocatus atque non vocatus deus aderit primus homo de terra terrenus secundus homo de caelo caelestis Evocado o no evocado Dios estará presente el primer hombre de tierra, terreno el segundo hombre del cielo, celestial. Síntesis original realizada por Beatriz Paván, basada en Recuerdos, Sueños y Pensamientos para el Centro de Estudios Junguianos en 1990. Aporte de María Leonor de Planchart. |
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