CENTRO DE ESTUDIOS JUNGUIANOS


Las Juanas o Cuatro Juanas y un Juan

 

Historias de una Herida Muy Honda




 






Por Gonzalo Himiob

 

La Motivación para realizar este trabajo surge de una certeza y un temor: Por más de Cuarenta siglos hombres y mujeres, por igual, de hemos condenado al destierro a lo femenino primordial entronizando a lo masculino como destino idealizado.

 

Lo Femenino, en su forma más primaria, con furia vindicativa, regresará por las noches, en nuestros sueños, cada día en la locura y en el caos, en los desbordes de la Naturaleza ofendida y en la barbarie de las guerras guiadas por el “Logos” desalmado. Si no le damos su lugar; si continuamos huyéndole, reduciéndole su espacio en la historia colectiva y personal, si le escamoteamos la posibilidad de desarrollo y crecimiento, si evitamos su enriquecimiento y que nos ennoblezca aportando su vitalidad y protección: Nuestra alma se asola y, cual cuero seco, se romperá en pedazos.  

 

Desde las profundidades adonde la hemos rechazado, se alzará, asaltará y reclamará su sitio convertida en desesperación. Será Erinia, rabia loca despeinada y bramante. Ella persiguiendo y aullado, reclamará los sacrificios y distinciones adeudadas.

 

En esta charla aunaré a la psicología analítica con cuatro historias de una vieja falta e intentaré una hipótesis resolutiva. Trataré de honrar a ese femenino que vive en mí y en todos nosotros.

 

 

Emma Jung, la esposa oculta tras la imponente imagen del maestro, nos acerca a cuatro manifestaciones de lo femenino: Eva, Helena, María y Sofía, es decir: La Mujer Original, La Seductora, La Madre y La Sabiduría.

Producto siglo XIX, esposa de ese Titán llamado Carlos Gustavo Jung e hija bastarda, amiga y alumna de ese otro Coloso que fue Sigmund Freud, no podía menos que desatender y olvidar a esa forma de lo femenino que fuera condenada al abismo por la Patriarcalidad: Lilith, la primera mujer creada y cuyo pecado fue querer ser igual al hombre y alternar la posición en el amor: “Arriba, una vez tú, otra vez yo.” Por su atrevimiento es castigada. Sin embargo Jehová, Dios /Uno, le había concedido la inmortalidad y, al ser condenada a los abismos conservó todo su poder, creció en la represión y, retornando en el descuido, nos habita hermosa, terrible y primordial.

 

Freud y Jung nos hablan desde la masculinidad, nos relatan del Hombre dominante. El Maestro Vienés, con sus seguidores, proclama un monoteísmo militante al decretar al Complejo de Edipo, la envidia del pene y la castración cómo el Alfa y el Omega del desarrollo. Olvida el sabio—y no podía hacerlo de otra forma—de que primero fue La Madre y después el falo. Que la necesidad fundamental de hombres y mujeres es la posibilidad de hacer vida, que Lucifer es condenado a reinar en los Infiernos por que quería ser como Dios y dar a luz, es decir, ser autor. Es por ello que al final de sus días Freud indicará como el último misterio aún por develar es: “lo que la mujer desea.”

Jung da un paso hacia adelante al entender el alma como plural y al inconsciente como colectivo y politeísta e incorpora lo femenino al panteón de la psique. Reconoce la importancia de las diosas. En su vida las relega a un segundo plano, las convierte en servidoras, las usa y desvalora, por ello lo desbordan. Habla de la presencia de lo femenino en el alma del hombre y de lo masculino en la de la mujer y los llamará Ánima y Animus respectivamente.

 Emma en “La Leyenda del Santo Grial,” su obra póstuma, trata de explorar el rescate del alma—de la propia—en su forma de mujer. Su marido, en un trabajo sobre desarrollo imaginal de la psique, propone como solución final la unión de los opuestos, estos, en necesaria conjunción, evitan las polarizaciones del alma y se manifiesta en la imagen del Hermafrodita, es decir la alianza de los extremos en conflicto. Con esta metáfora señala el final de la Obra. Es la forma integrada y aportada por los alquimistas para indicar el objeto final de la Individuación. La Alquimia representa el eslabón entre el estudio del alma por medio de la Imagen, es decir, la Religión y la Mitología; y la exploración de las razones del Inconsciente, es decir, de la Psicología Profunda o analítica en sus diversas aproximaciones.

 Debo decir, en su descargo, que los padres de la psicología del inconsciente son hijos de su tiempo, de su historia y su dinámica.

Cómo todos los humanos, originamos y estudiamos aquello que nos mueve e intentamos, con nuestras teorías, resolver el conflicto de nuestra vida, para ello acudimos a los instrumentos que la cultura y los encuentros nos conceden. De esta forma establecemos dogmas universales para ilusionar menos solitario nuestro andar.

 

Estamos condenados a ser lo que somos y es, en esa búsqueda, donde elaboramos nuestra filosofía y nuestra existencia. En una frase, somos como podemos ser y nos explicamos a duras penas; no mas, no menos.

 

Dice San Juan en el Apocalipsis.

 «Las aguas que has visto, donde se sienta la ramera, son pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas. / Y los diez cuernos que viste, y la bestia, aborrecerán a la ramera, la dejarán desolada y desnuda, devorarán sus carnes y la quemarán con fuego. / Dios ha puesto en sus corazones el ejecutar lo que él quiso: ponerse de acuerdo y dar su reino a la bestia hasta que se hayan cumplido las palabras de Dios. / Y la mujer que has visto es la gran ciudad que reina sobre los reyes de la tierra».

 

 

        El pueblo llano especula que, en El Vaticano, hay un asiento horadado donde el Papa recién electo debe sentarse y mostrar su virilidad “…Et bene pendentes” anuncia la curia, es decir, “…Están bien colgantes” refiriéndose a los atributos varoniles. Esta supuesta tradición nace del mito de la existencia de una mujer singular. Ella se convertirá en Papa después de Urbano II o de León IV.

 

 

 La Leyenda, cierta o no, habla de una mujer: Juana, nacida en 822 en Ingelheim am Rhein, cerca de Maguncia. Era hija de un monje, Gerbert, que formaba parte de los predicadores llegados del país de los anglos para difundir el Evangelio entre los sajones. Gracias a ello la pequeña Juana creció, y tuvo la oportunidad de estudiar, actividad vedada a las mujeres de su época. Vistió hábitos de hombre y, puesto que sólo la carrera eclesiástica permitía continuar unos estudios sólidos, Juana entró en la religión como monje y copista bajo el nombre de Johannes Anglicus (Juan el Inglés). Según Martín el Polaco, el disfraz de género tenía un fin más mundano y era el deseo de seguir a un joven clérigo del cual era amante. 

Así, disfrazada, viajará por   el mundo antiguo, se cultivará en las diversas ramas del conocimiento, la filosofía, las letras, la medicina, etc. Arribará a El Vaticano donde, gracias a su gran inteligencia, captará la atención de los Cardenales y del Papa León IV quien la elevará al rango de secretario personal. Después de la muerte de aquel, se hará elegir Papa   con el nombre de Juan VIII y gobernará por dos años y siete meses. Un día de Corpus Christy, en medio de una procesión, debido a su bien simulado embarazo, entre la Iglesia de San Clemente y El Coliseo, sufrirá dolores de parto dando a luz. La feligresía, escandalizada y enfurecida por el engaño, la lapidará y ahorcará o desmembrará atada a la cola de un caballo. Será enterrada allí mismo y, en el futuro las procesiones pontificias evitarán pasar por este lugar.  

Sea o no cierta la leyenda—y   no hay documentación sobre su veracidad—ella ha calado en la tradición oral y se ha constituido en mito y si, como se afirma, “la voz del pueblo es la voz de Dios,” podemos pensar que la tradición nos habla de una verdad colectiva y psíquica que la trasciende. Ella habla de la condición negadora de lo femenino que se viste con los ropajes de lo masculino para poder ser en el mundo patriarcal del monoteísmo egótico. Desde estas profundidades, la verdad se impone y nace la tragedia guiada por la mano de la mujer que no podía—o no quería—mostrarse.

 

 

La Papisa Juana—como muchas mujeres—se viste de hombre para poder ser, para ejercer su derecho a conocer y tener poder. Ella tiene que vender su condición de mujer, y esta la traicionará impulsándola a la satisfacción de su sexualidad en forma primaria y actuante. El mismo impulso la llevará a ir a una procesión en condiciones precarias y a ser víctima de lo negado. Allí la multitud, engañada e intemperante, hija del machismo y de la matricentralidad desvinculada, primaria e inconsciente, la linchará. 

Hoy sabemos más de la Papisa que de sus verdugos, su imagen triste y potente vive en las cartas del Tarot. Es el segundo arcano el cual, desde el punto de vista simbólico, representa a la capacidad creativa y procreativa, es decir a lo femenino, aquello que engendra, da autoría y da vida.

Mi interés en la Papisa es psicológico, social, científico y simbólico. Me acerco a ella con la actitud del investigador del alma y sus manifestaciones, con la mirada de quien busca en la imagen la veracidad psicológica que se expresa con el lenguaje primordial del símbolo.

 

En la cita del Apocalipsis San Juan nos habla de la ramera que ha gobernado pero también nos habla de la Ciudad/Mujer que reinará sobre los reyes de la tierra.  ¿Será que la Asunción de María a los cielos, decretada dogma por Pío XII en 1951, es una reivindicación de este femenino largamente reprimido? ¿Será que esta Juana, la primera, nos remonta a lo arquetipal de este complejo represado?

 

 

 

La segunda Juana es una Guerrera, hoy la conocemos como Santa Juana de Arco, Doncella de Orleáns, Patrona de Francia. Ella nacerá el Día de la Epifanía del Señor, el 6 de enero de 1412 en el pueblo de Domremy en Champagne, Francia. 

Desde muy niña muestra gran devoción por Jesús y la Virgen María, acude todos los sábados a confesión y cumple rigurosamente los deberes de cristiana, se muestra retraída y dulce, aprende de su madre los deberes propios de una doncella de la clase media aldeana. Su padre, cabeza de una familia de 5 hijos, era un campesino acomodado, conservador, honrado y frugal. 

En 1426, a los 14 años, Juana comienza a oír voces que relaciona con San Miguel Arcángel, Santa Catalina y Santa Margarita. Estas le indican que debe salvar a Francia de la invasión Inglesa cuyas tropas han conquistado gran parte de su territorio. Ellos han sido favorecidos por la guerra de sucesión entre el Duque de Orleáns y el Duque de Borgoña. 

En 1428 las voces se hacen mas imperiosas y la Doncella, que no sabe leer, escribir o montar a caballo, las cuestiona a lo cual le responden que ellas son “mandato de Dios.” Siguiendo su orden acude al Vaucouleurs, donde el Jefe de la Plaza, Roberto de Bradicourt, es convencido de la misión divina de la Santa después de profetizarle una derrota.  

El 6 de marzo de 1429 es enviada a la Corte donde identifica al Delfín, Rey sin corona de Francia, en una conocida anécdota, en la cual, queriendo hacer mofa de la Santa, él se había disfrazado colocando en su lugar a uno de sus favoritos.

El futuro Carlos VII, dando la guerra por perdida, decide apoyarla y le otorga un ejército de diez mil hombres. Con este contingente, en abril de 1429, derrota a los ingleses y libera a Orleáns. Inicia entonces, una exitosa carrera bélica que culminará casi cuatro meses después con la Coronación de Carlos VII en la catedral de Reims el 7 de julio de 1429, donde se coloca al lado Rey, armada y portando su estandarte victorioso.  

A partir de este momento comienza la ignominia, las voces se han retirado y los cortesanos, celosos del favor del monarca, conspiran en contra de Juana. Ella propone una expedición para tomar París, Carlos le alienta y luego no le otorga los recursos necesarios. La Doncella sufre una gran derrota. Es recluida en la Corte donde es víctima de chismes y envidias. En 1430 cae prisionera por la traición del Jefe de la Campiegne, quien la deja fuera de la ciudad en medio de una batalla.  

En 1431, habiendo sido abandonada por el Rey y su Corte, es vendida a los Ingleses por el equivalente a 23.000 libras esterlinas actuales. Estos, por cuanto no pueden juzgarla por sus triunfos guerreros, le instruyen un juicio por hechicería, herejía y “por vestir ropas de hombre,” condición que había asumido para “proteger su virtud,” según decía.  

Para resumir, será condenada a la hoguera habiendo sido humillada, torturada y, presuntamente, violada por sus carceleros. Las voces, que le habían abandonado, retornan y la consuelan. El 30 de mayo de 1431 es quemada en la plaza del mercado de Rouen y sus cenizas son arrojadas al Sena. Juana de Arco será canonizada por Benedicto XV el 16 de mayo de 1920. 

Sin haber cumplido 20 años, Juana de Arco, pone en evidencia la mediocridad y de la profunda herida que puede causar la masculinidad primitiva, amenazada e irreflexiva.

La presencia de una joven inspirada y posesa, portadora de un estandarte divino, reta a las fuerzas acomodaticias de los hombres. Los nobles y el clero, se sienten aterrados por la presencia de esta fuerza femenina. La Doncella de Francia, revive la forma que, entre otros, Arturo Michelena y Von Kleist representaran en la tragedia de Pentesilea.  

Santa Juana reedita esa epifanía del eterno femenino virginal y guerrero, hija predilecta y juvenil del padre, dispuesta para la caza, la batalla, la competencia y renuente al amor carnal; pues su amor no es de este mundo y le pertenece al espíritu de Dios. Al vestirse de hombre se condena, al portar la lanza se sentencia.  

Ella solo puede ser comprendida por un hombre enamorado y respetuoso de su doncellez. Uno, que como veremos mas adelante, pueda ser invitado e invitar a la contra-sexualidad al ágape y trascienda la genitalidad y la forma primaria del amor carnal.

Las muertes de Pentesilea y de Juana de Arco se asemejan en la forma. Para Juana, las voces, consortes en la conjunción mística, son opacadas por la mediocridad inmanente.

Cualquier amenaza a lo establecido debe ser castigada con la desaparición física, que no la espiritual. Hoy, es la Patrona de Francia y nos hace, en su apoteosis, inclinar reverentes la cabeza.

 

 

  

La tercera, Juana I de Castilla, mejor conocida como Juana La Loca, por haber perdido la cordura por amor.

Nos dice Platón que una de las formas de la Insanía Divina es la provocada por Afrodita, la locura erótica.

Juana es hija de los Reyes Católicos, “Tanto monta, monta tanto Isabel como Fernando,” está escrito sobre las cabezas coronadas, colocando a nivel a los monarcas. Ello, en mi criterio, marca el trágico destino de Juana. Nacida en Toledo el 6 de noviembre de 1479 es ordenada, por interés político, a casar con Felipe de Austria, conocido como “El Hermoso,” hijo de Maximiliano I y María de Borgoña.

 

El prometido no acudió a la primera cita, sin embargo al encontrarse, explota tal pasión erótica, que obliga a apresurar la consumación de las bodas reales. Cuentan que hacían el amor en todas partes y a todas horas. Juana se embaraza prontamente, y Felipe, cuya energía viril le inclinaba a la concupiscencia, inicia una larga lista de infidelidades. La pareja tendrá seis hijos, a pesar de la traiciones de Felipe y los arrebatos de Juana.

 

A la muerte de Isabel, en 1504, Juana es nombrada Reina de Castilla, comenzando una dura lucha por el poder entre Felipe y Fernando; el primero alegará locura en su mujer para hacerse de la regencia, el segundo invocará sus derechos de Rey viudo y de padre. La pobre Juana se escindirá entre ambos hombres, el amor conyugal y el filial. Es víctima de “las peloteras”—y nunca mejor invocado el término—de las disputas y la ambición de estos hombres. La contienda termina en 1507 con la muerte, sospechosa y conveniente de Felipe, después de beber agua fría en un partido de pelota.

 

Juana se agrava y ante la impotencia y el dolor causado por la muerte del amado, se entrega a su locura. Le otorga la Regencia del reino a su padre, y se dedica a viajar por las noches tras el féretro de su marido, con lo cual su fama de loca se expande.

En 1509 es encerrada en Tordesillas, donde permanece el resto de sus días, sin lavarse ni cuidar de su persona y será objeto de burla para sus carceleros. Morirá, esta desgraciada Reina de Castilla el 12 de abril de 1555, cubierta de llagas, sucia, enferma y famélica.

 

Su historia es la de muchos hombres y mujeres víctimas de la posesión de los complejos eróticos. Baste recordar la historia de Camille Claudel, la desatendida amante de Rodin, escultora de talento, despreciada y abandonada por su maestro; la tragedia de Frederick Nietsche y su amor imposible por Lou Andreas Salomé, o la mas recientemente develada historia de Sabina Spielrein y su relación con Jung y con Freud.

 

La locura erótica muestra la epifanía del eterno femenino despreciado, Juana, hija de reyes con igual poder—y por tanto posiblemente adelantados para su época—no es capaz de contener su pasión, elaborarla y trascenderla, ella la domina y la destruye. Sufre la tiranía del complejo el cual es utilizado por el padre y el esposo en sus disputas por el poder. Juana queda a merced de su delirio; nadie la ve, nadie se ocupa de ella, no hay mano compasiva para su dolor.

 

La cuarta Juana es mi preferida, vivirá en el México Virreinal, pertenecerá a la burguesía campesina, tendrá un abuelo extraordinario que la inicia en el mundo de la lectura y el conocimiento; y una madre fuerte y de avanzadas. Esta tendrá hijos de distintos hombres y se sospecha que Juana fue producto de amores ilícitos con un hidalgo español de paso circunstancial o de un sacerdote católico destinado a la provincia mexicana.

 

 

 

 

Se cree que Juana Ramírez de Asbaje nació en San Miguel de Nepantla en la provincia de Amecameca un 12 de noviembre de 1651, la fecha no es totalmente confiable. Desde muy pequeña muestra una gran inclinación hacia el estudio, llegando a dominar la lengua española y el latín y el griego—Extraña vocación para su entorno y momento.

Una anécdota que ha pasado a ser parte importante de su leyenda afirma que se cortaba el pelo cuando no podía aprender algo diciendo: “no puedo tener el cabello largo con ideas cortas” con ella contradice la definición de las mujeres como, “animales de cabellos largos e ideas cortas…”  

Posiblemente por haber sido abandonada por el padre, y estar la madre ocupada en la administración de las fincas heredadas y haber establecido una nueva pareja, es trasladada Juana a Ciudad de México en 1664 siendo aún una adolescente. La relación del padrastro con Juana se encuentra en el misterio, acompañante constante de la vida de Juana, ello hace afirmar a Octavio Paz: “…sabemos mas de Juana por sus silencios.”

Es admitida en la Corte donde prontamente, debido a su belleza y talento, se gana el afecto y protección de los Virreyes, los Marqueses de Mancera, llegando a ser dama de compañía y preferida de la Virreina.  

Ante la posibilidad cierta de ser la amante de algún cortesano o contraer matrimonio con algún oscuro hidalgo campesino, opta Juana por el “tercium non datur”: o bien vestirse de hombre y acudir a la Universidad o entrar en el claustro donde podría dedicarse a sus queridos libros y desarrollo de su ser. Opta por lo último. Aplica primero a las Carmelitas Descalzas, orden muy severa que no sirve a sus propósitos. Se muda entonces al Convento de la Jerónimas donde, por influencia de la Virreina se le concede un apartamento de varias habitaciones, con servicio y la posibilidad de tener visitantes regulares. Allí se dedica a la lectura, la música y la escritura, llegando a producir mas de 200 obras de poesía, varias obras de teatro, autos sacramentales, escritos teológicos y filosóficos, y tener correspondencia con los grandes de la literatura española y a ser conocida en el mundo como: “El Fénix de México y La Décima Musa.” 

Todo este florecimiento terminará cuando su confesor, Antonio Núñez de Miranda, S.J., inicia una larga campaña en contra del desarrollo intelectual y literario de la poeta. Como consecuencia de las reflexiones sobre fundamentos teológicos que Sor Juana hiciera en la “Carta Atenagórica” al sermón de un Sacerdote Jesuita, Antonio Vieira, recibirá la dura reprimenda del Obispo de Puebla, Don Manuel Fernández de la Santa Cruz, quien se disfraza bajo el seudónimo “Sor Filotéa de la Cruz”. El escándalo llega al Arzobispado de México y se le prohíbe a Sor Juana seguir cultivándose y se le obliga a devolver sus libros e instrumentos musicales. Escribirá su última obra “La Respuesta a Sor Filotéa de la Cruz” y morirá un año después el 17 de abril de 1695 a los 47 años de edad, víctima de una epidemia de peste, al menos en los reportes oficiales. La verdad de su deceso se encuentra en la tristeza, en la vergüenza perpetrada contra una mujer extraordinaria, a la cual, al quitarle su esencia, la privan de la vida. ¿Para qué vivir, si la vida ya no es tal? 

Sor Juana representa otra forma de lo femenino. Es muy sencillo afirmar que ella era lesbiana, una mujer fálica o Animus posesa ¡Qué pobreza!   ¡Cuanta mediocridad hay en estas afirmaciones!. Me niego, contra ellas me rebelo, como lo he hecho contra las pequeñeces subestimantes de lo trascendente, de la mística, de la poesía, del arte, de la emoción y de los sentimientos sublimes. Estos no pueden estar sometidos a la interpretación definitoria e inferior, Cleopatra, Freud, Jung, Madame Curie, Adler, Moreno, Klein, Goethe, Cervantes, Bolívar y hasta la Virgen y Cristo, por solo mencionar a algunos de los grandes personajes de la historia, tienen un avatar humano, ¡Gracias a Dios o a los dioses!.

Ello es suma a su grandeza.

 

Sor Juana pertenece a esa estirpe de mujeres que han querido ser en el intelecto que los hombres colonizamos y afirmamos como propio.

El Monoteísmo condena al destierro al viejo Panteón. Pero las deidades no han muerto, esperan la indolencia y de la mano de Lilith, asaltan lo formal. El Patriarcalismo, necesario como etapa lógica y disciplinante, quiere entronarse y polarizándose, niega la alteridad. Las diversidades del politeísmo lo amenazan.

Artemisa como Juana de Arco, Atenea como Sor Juana, Afrodita como Juana I de Castilla y La Papisa Juana como Lilith y Bacante, son personajes legendarios y actuales que vemos en los pueblos y en las calles.

Se necesita de la Mística, de ese otro Juan, que sin temor abraza a su alma y nos dice:

 

En una noche oscura,

con ansias en amores inflamada,

(¡oh dichosa ventura!)

salí sin ser notada,

estando ya mi casa sosegada.                    

 

A oscuras y segura,

por la secreta escala disfrazada,

(¡oh dichosa ventura!)

a oscuras y en celada,

estando ya mi casa sosegada.                    

 

En la noche dichosa,

en secreto, que nadie me veía,

ni yo miraba cosa,

sin otra luz ni guía                             

sino la que en el corazón ardía.                

 

Aquésta me guïaba

más cierta que la luz del mediodía,

adonde me esperaba

quien yo bien me sabía,

en parte donde nadie parecía.                   

 

¡Oh noche que me guiaste!,

¡oh noche amable más que el alborada!,

¡oh noche que juntaste

amado con amada,

Amada en el amado transformada!

 

San Juán de la Cruz

1542-1591

 

 

 

Gonzalo Himiob

Médico Psiquiatra, Analista Junguiano

AVPA. IAAP.

 

Trabajo presentado en el V Congreso Venezolano de Psicoterapia- AVEPSI , Lo Femenino, Anatomía de sus Destinos, junio 2007.

 

 Con esta cita inicio mi reflexión sobre la infamia;

Sin el alma, no hay forma de salir de este tiempo" C.G.Jung