CENTRO DE ESTUDIOS JUNGUIANOS

  

Parte II.

 El Blanqueo...

                           

 

 

 

 

 

 

 

La yonna

Con este rito se busca 'quitarle la mala cara' y 'darle un alma' a la joven. Los varones contemporáneos se quejan de que debido al acortamiento del período del blanqueo las mujeres son menos dulces que en tiempos pasados. Otros afirman que sin la reclusión la muchacha nunca tendrá el cuerpo sano y firme de las mujeres wayúu y envejecerá muy rápidamente. Por último, siendo la blancura del cuerpo femenino una cualidad muy apreciada por los hombres wayúu, algunos dicen que esta consecuencia de la reclusión es suficiente para justificarla.

Desde nuestro punto de vista, el psicológico, es importante que ahora elaboremos una analogía mitológica. Como ustedes podrán ver, las características que les vamos a describir de Pulowi son compartidas por las diosas de todas las mitologías. Estamos hablando del principio femenino o anima (del latín 'alma').

  

 Ánima y Ánimus

 'Pulowi' designa por igual el ser sobrenatural femenino, esposa de Juyá, y los lugares misteriosos donde habita. Devora los hombres y también puede atraer a las mujeres. Se califica de pülainrü a las jóvenes que prolongan anormalmente su reclusión y son vanidosas (como la joven del relato inicial). Si un hombre copula con Pulowi o come de los manjares que ella le ofrece, ella lo devorará y nunca más volverá. Usado como adjetivo el término se traduce por misterioso, sobrenatural, sagrado, prohibido, peligroso, sabio. Juyá es móvil y único, Pulowi es fija y múltiple. A ella le son concedidos todos los poderes oscuros y fatales que los hombres wayúu confieren a las 'verdaderas mujeres'. Personifica la tierra y el mar, esto es, de ambos es el principio viviente. Evoca lo que tienen de profundo, de inaccesible, de peligroso y también de indispensable, ya que son proveedores de alimento. Es subterránea y submarina. A ella se desciende por las depresiones, los orificios naturales de la tierra. Por eso no está determinada en una forma definida. Representa el arcoiris. La podemos enmarcar dentro de la línea de la Gran Diosa junto a Hator, Inanna y Afrodita.

La seducción es siempre su manera de atraer a sus congéneres. La unión de Juyá y Pulowi reproduce el matrimonio wayúu poliginial y matrilocal en el cual el hombre, único y móvil, comparte su tiempo entre sus esposas fijas y múltiples, y generalmente dispersadas en un vasto territorio. Pulowi a menudo aparece como una joven que ejerce una irresistible atracción sobre los hombres. Esta joven siempre está encerrada. No hay duda de la conexión entre el rito del blanqueo y Pulowi. La reclusión física representa el encierro íntimo que debe llevar la majayülü. Participar de lo misterioso de la diosa. Tomar los colores y las sombras de la luna y aprender a seguir su ritmo. Entre los wayúu la luna es masculina, pero pertenece a Pulowi. 'Es nuestro padre Kashi quien penetra y abre a la mujer', así designan la primera menstruación. Quedarse escondida en su interior para poder contactar al máximo su feminidad, lo cual, a su vez, le permitirá interrelacionarse con su animus (del latín 'espíritu'), su principio masculino.

El rito es necesario para que se active el arquetipo. Y una vez activado hay que comunicarle lo que siente la mujer, cuáles son sus más íntimas verdades. El animus, como todos los arquetipos, no tiene en sí ni conocimiento ni sentimiento. Sólo tiene la preforma, como un vaso de cristal vacío. Es necesario llenarlo. Lo que se busca es la Pulowi interior porque ella será la que permitirá esa comunicación. El aspecto negativo sería quedarse fijada en el aislamiento. El relato del inicio nos cuenta que Juyá posee a las pülainrü, esto es, lo masculino devora a la mujer que no puede desarrollarse.

 

'El motivo del retiro, de la exclusión de la vida cotidiana es muy frecuente y me parece que ilustra un problema típico de la psicología femenina', afirma von Franz. Visto desde afuera luce como total parálisis, sobre todo si se le compara con la vía del héroe que tiene que luchar y vencer al monstruo para poder lograr el tesoro. En realidad, es un tiempo de iniciación e incubación donde se puede curar la fractura interna y resolver problemas profundos. El héroe casi siempre tiene que hacer un viaje al más allá y ganar algo para poder rescatar a la doncella encerrada, en vez de simplemente quedarse fuera del río de la vida. Pareciera que ésta es una de las diferencias típicas entre el principio masculino y el femenino, siendo el último el más pasivo. Aquí el inconsciente se experimenta en aislamiento, y luego viene el retorno a la vida.

 

Para ser completa una mujer debe abrazar lo masculino, pero sólo después que ha contactado lo femenino. Lo femenino nos incita a vivir emocionalmente la experiencia del nexo entre nuestro cuerpo y la tierra. Lo masculino nos empuja hacia logros que nos inmortalizan después de nuestra muerte física. La conciencia femenina existe en proximidad al inconsciente. Una experiencia femenina comienza con la piel, no con los ojos. Se desarrolla bajo la luz tenue de la luna, casi a oscuras, y siguiendo íntimamente  el ritmo de los meses lunares. Lo femenino se ocupa del sentido más que de lo fáctico. La experiencia femenina de sumergirse a sí misma en la propia situación como la vía para hacerla consciente (en oposición a ser guiada por el intelecto), implica que toda la personalidad está involucrada en este proceso. El conocimiento -la conciencia- que se gana no puede ser compartido jamás con nadie en forma directa. Siempre se traducirá en imágenes, metáforas, parábolas, dibujos, poemas y relatos. Este conocimiento es sabiduría. Sabiduría que se traduce en una actividad receptiva y no invasora. Es una mezcla de atención y contemplación afinada con los procesos vitales del momento. No es un simple dejar pasar. Es como el acecho de un gato que espera el instante exacto de actuar. Es concentrarse en la telaraña de la vida para aprovechar el momento oportuno, sin violencia inoportuna. Lo típico hoy es que no concedemos ni espacio ni tiempo a la desolación o a la depresión. 'Si controlas adecuadamente tu vida', nos dicen, 'será feliz y plena. Y si ni aun así lo logras, no te preocupes, usa Prozac.' La consecuencia de esta máxima es sentir culpa ante el dolor y la tristeza que son con-naturales a lo que significa vivir. Tenemos que aceptar lo oscuro y la muerte porque sólo al aceptarlos logramos sabiduría.

 

 

Por otra parte, el rito fuera de contexto no sirve. La majayülü que vive en el ambiente tribal, donde las conexiones entre los distintos elementos son vividas y representadas en la vida cotidiana, tiene un contenedor que le da sentido al rito al que es sometida. Muy diferente es la situación de una joven wayúu que ya no goza de esa prerrogativa, como se ve en este caso analizado por Lawrence Watson. Se trata de una familia wayúu muy pobre que vive en la periferia de Maracaibo. Han perdido el contacto con sus parientes que aún viven en la tierra original debido a que su madre se fugó y eso ocasionó el disgusto de los tíos maternos. Los hijos sienten vergüenza de su raza porque sufren todas las consecuencias de una mala adaptación al nuevo medio. Sin embargo, Rosa, la hija mayor, accedió a someterse al rito del blanqueo pues no quería continuar en la escuela. 'Así, cuando me hice mujer una noche, le informé a mamá y ella me encerró...Ella me cuidó mucho...No podía comer carne porque me haría vieja. Cada mañana, muy temprano, me bañaba con agua fría para que estuviera bonita. Me puse muy pálida por falta de sol y dejaba mi cuarto sólo de noche para mis necesidades...Sólo mamá y Luisa (la hermana) venían a verme...Mamá trataba de enseñarme a tejer y darme consejos. Pero la mayor parte del tiempo sólo dormí.' A pesar de acceder al encierro y cumplir con sus especificaciones externas, Rosa en realidad no se aplicó a aprender a tejer y a otras destrezas domésticas, ni al parecer prestó mucha atención a las ocasionales lecciones morales de su madre. En lugar de eso dormía o leía revistas. Además, el mantener a la niña confinada en unas habitaciones tan hacinadas, resultó ser una dificultad física para toda la familia, así que después de sólo cuatro meses del año proyectado para el encierro, la madre 'soltó' a Rosa, y le permitió que resumiera su rol ordinario, pero le exigió que usara una manta. Desgraciadamente, y muy en contra de las expectativas de la madre, estos meses de ocio obligado tuvieron el efecto de tornar a Rosa poco menos que indolente y se le hizo cada vez más difícil que la muchacha cumpliera un día completo de trabajo doméstico.

No todos los ritos son benévolos. Y muchas veces ha habido un cierto tipo de iniciación o de violencia en la transición de un estadio a otro. El pasado no puede cambiarse, pero sí podemos hacer que se quede como pasado y el futuro sea un camino más integrado. Esas piezas heridas de nosotros mismos pueden ser reparadas. Exigen ser reparadas porque son los materiales básicos que necesita el alma para su redención. Una de las formas de restaurarlas es la terapia. Toda ella está inscrita en ritos que se efectúan dentro de un témenos. Esto es, un lugar sagrado, un lugar de protección, un lugar de seguridad. Podemos entonces representar los complejos proyectándolos hacia el terapeuta y, con su ayuda, paulatinamente, ir desglosando el material para separar lo arquetipal de lo personal. Con frecuencia lo que le sucede a una mujer contemporánea es que tiene bloqueados los canales de comunicación con su animus. Es decir, el arquetipo contra sexual, los aspectos masculinos inconscientes que han sido excluidos y reprimidos de la vida consciente de la mujer, su vía de comunicación intelectual. Estos aspectos masculinos están definidos por la cultura y la sociedad de un momento determinado. El animus es un arquetipo enraizado en el inconsciente colectivo y actúa como conector entre los ámbitos personales y transpersonales. Como arquetipo, sus dimensiones se manifiestan por medio de símbolos culturales. Y puede funcionar como el guía espiritual de la mujer.

La personalidad de la mujer se desarrolla gradualmente y este proceso dura toda la vida. Es imprescindible que su identidad femenina esté 'aterrada' -esté fundada- en género, cultura y arquetipos. Y todo esto debe estar en una relación proporcional, de modo que resulte una combinación que le permita funcionar como un ser humano equilibrado biológica, social y espiritualmente. Internamente, la madurez psicológica de la mujer va a depender del conocimiento que tenga su ego del aspecto inconsciente de los arquetipos femenino y masculino, y la manera en que va a integrarlos. Para lograrlo, ella tiene que saber cómo se manifiesta el animus en su vida y así poder diferenciar lo personal, lo colectivo y lo transpersonal. Esto es necesario para que pueda integrar sus aspectos no vividos: sus potencialidades inconscientes. Este proceso consciente de integración es vital para mantener una psicología saludable. Porque sino el animus, esa parte de potencialidad y creatividad de su vida interior, se transforma en un complejo que se expresa en formas negativas y destructivas. Un animus no vivido puede conducir a una neurosis e incluso a síntomas psicosomáticos severos. Por supuesto, a un hombre le sucederá igual si no se relaciona con su anima, su principio femenino. También su creatividad se verá cercenada y será incapaz de relacionarse auténticamente con nadie, ni siquiera con él mismo.

Muy pocas de nosotras hemos tenido el privilegio de acceder a los distintos estadios por medio de un rito. Además, la mujer de hoy a menudo está confundida sobre cómo responder al reto de interactuar en un mundo masculino plagado de valores patriarcales. Casi siempre la respuesta es auto desvalorización. En la mayoría de los casos, cae en el juego de someterse, y luego acusa a los otros de mantener esos valores y pretende negar su participación en el asunto. Esto sólo la llevará a una fatal auto destrucción porque no ve su responsabilidad en la situación y, en consecuencia, no puede remediarla.

Es natural que cuando existe un complejo paterno negativo surjan imágenes del arquetipo materno positivo. Así, los efectos devastadores del primero se neutralizan hasta cierto punto y es posible comenzar la redención.

En conclusión, hemos querido presentarles uno de nuestros ritos de iniciación femenina más profundos, donde podemos apreciar que la sabiduría nos viene del ritual a través del cual llegamos a la 'educación' y nos da herramientas para enfrentarnos y manejar los complejos con lo masculino con otra aproximación.

Los psicoterapeutas también pudiéramos aprovecharnos de la metáfora de este proceso de desarrollo para realizar en nuestro consultorio la analogía del blanqueo y así, de alguna manera, contribuir a la iniciación de la adolescente venezolana.

 

 

Pulowi es una mujer bella, pulowi es el lugar sagrado.

Pulowi es amiga de la lluvia, el relámpago le tiene miedo.

Pulowi es la duna que camina en forma de media luna,

Pulowi descompone la lancha de los pescadores mar adentro.

Pulowi tiene su casa detrás del cerro en una piedra.

Pulowi es culebra de diez cabezas, es res con cara de persona.

 

 

  El Blanqueo: Iniciación de la Adolescente Wayúu

Mayo de 1999.

María Leonor de Planchart

Analista Junguiana, AVPA. IAAP.

 

Luis Sanz Barboza

Médico Psiquiatra, Analista Junguiano

AVPA, IAAP.

 

Sin el alma, no hay forma de salir de este tiempo" C.G.Jung