El Blanqueo:
Iniciación de la Adolescente Wayúu
María Leonor de Planchart
Luis Sanz Barboza
'Dos contrários vientos violentos y, uno masculino y el otro femenino, se encontraron y chocaron en una encrucijada. Por un momento se equilibraron entre sí, y arreciaron se volvieron visibles.
Esta encrucijada es el Universo. Esta encrucijada es mi corazón.
Esta danza de la gigantesca colisión erótica se transmite desde la partícula más oscura de la Materia hasta el pensamiento más vasto.
Las palabras del gran escritor Nikos Kazantzakis describen acertadamente la intención que traemos de transmitirles en este encuentro: es indispensable aceptar que lo femenino y lo masculino se necesitan como complementariedad. Gran parte del sufrimiento de la mujer y el hombre contemporáneos se debe a querer ignorar o incluso negar esta gran verdad. Es necesario reinstaurar la voz femenina, tan opacada en esta sociedad patriarcal. Y para eso es esencial que también surja una nueva voz masculina. Pero esto no será posible hasta que las mujeres entendamos que cuando competimos con el hombre la solución no es imitación sino, como dije antes, complementariedad. Hay varias alternativas. Ahora quisiéramos presentarles una de ellas. Un cuento wayúu
Había una vez una joven muy engreída. Un día en el que una lluvia fina caía, su padre y su madre se fueron a sembrar en la huerta. Quedó ella sola con su sirvienta. De pronto, grandes nubes se acumularon, nubes muy grandes, entre las cuales un hombre apareció. Montado sobre una buena mula, avanzaba junto a la tormenta. La sirvienta lo divisó. Estaba vestido de negro y su mula era negra. Avanzó hasta la enramada. 'Un hombre que no conozco acaba de llegar', dijo la sirvienta a la muchacha. '¡Cuelga una hamaca bajo la enramada y recíbelo!', respondió. '¡La lluvia que te precedió era muy violenta!', dijo la sirvienta al hombre. '¡No fue tanto!, los hombres viriles llegan siempre con la lluvia. ¡Porque soy un hombre he venido con ella! ¿Dónde está mi hermana menor?'
-'Está ahí dentro'.
-'¡Llámala!, dile que venga, porque mi olor es desagradable. Hace calor y estoy todo impregnado del olor de mi mula. Dile que nada debe temer porque soy su hermano. Me perdí cuando era pequeño.'
La sirvienta tenía miedo. Le parecía que el hombre no era un guajiro. Entró en la casa y repitió lo que acababa de escuchar. '¡No tengo hermano que se haya perdido! ¿Cuándo habrá desaparecido? Pero si es mi hermano, que entre. Yo no quiero salir,' dijo la joven.
'¿Dónde está mi padre, dónde está mi madre?', preguntó el hombre a la criada cuando ésta estuvo de regreso.
-'Están sembrando'.
-'¡Cómo! ¿Siembran con esta miserable lluvia?'
La muchacha de pronto decidió salir: 'voy a ver si es cierto que es mi hermano'.
-'Tranquila, hermana menor, ¡no tengas miedo! Soy tu hermano. Eres tú a quien yo buscaba.'
'Antes de llevarme debes hablar con mi padre y mi madre', dijo la joven.
-'¿Por qué? ¡No necesitamos de ellos! ¡Debemos partir inmediatamente!'
-'No puedo irme antes de que vengan. Ellos no sabrán dónde buscarme. Mi madre se desesperaría ...'
'No, la encontraremos por el camino, y, de cualquier manera, vamos a regresar pronto', respondió el hombre.
'¡Este hombre no es un guajiro!', se decía a sí misma la criada al verlo tan apurado, y fue a avisar a los padres.
'¡Partamos!', dijo bruscamente la joven poco después de haber salido la criada. En seguida el hombre la montó en la grupa. La mula se puso lentamente en movimiento. Una lluvia acompañada de viento empezó a caer. Aquéllos se cubrieron con la montura. Y ésta comenzó a elevarse hacia las nubes. Pronto estuvieron muy alto.
A todas éstas, la criada había llegado donde los padres de la joven.
-'El hijo de ustedes, el que desapareció cuando era joven, ha regresado. Quiere llevarse a su hermana. ¡Vengan ya!'
'En efecto, uno de nuestros hijos se perdió. ¡Debe ser él! Nosotros lo creíamos muerto, no creíamos que todavía pudiera vivir', dijeron el padre y la madre. Regresaron precipitadamente, pero era difícil correr en medio de la lluvia y el viento. Cuando llegaron, la joven estaba ya muy lejos. Estaba arriba, muy alto ... El hombre que había venido a buscarla era Juyá ...(CIM 107-110).
Este relato wayúu nos ilustra ampliamente un ángulo del tema que hoy nos ocupa: la iniciación de la adolescente. En este caso, una iniciación hacia lo negativo de lo masculino, que es lo que, lamentablemente, experimentamos la mayoría de las mujeres que vivimos en la cultura occidental.
La iniciación existe en toda sociedad con el objeto de que mediante un conjunto de ritos y revelaciones orales, se logre una modificación radical de la condición religiosa y social del sujeto iniciado, que adquiere así la condición de miembro responsable de ella. La función de los rituales (entre ellos el de iniciación), nos dice el gran mitólogo Joseph Campbell, es dar forma a la vida humana, no de un modo meramente superficial, sino profundo. Una sociedad está 'en forma' en el mismo sentido en que un atleta está 'en forma', esto es, cuando cada uno de sus miembros actúa en sincronicidad y armonía con el resto. Los ritos son la representación física del mito; y los mitos constituyen el soporte psíquico del rito. Mito es la expresión que hace la psique de sus potencialidades espirituales, ...una de las máscaras de Dios -metáfora que apunta hacia lo que yace tras el mundo visible-. Es un relato sagrado. El primer requisito de cualquier sociedad es que sus miembros adultos se den cuenta y lleven a la práctica el hecho de que son ellos quienes constituyen la vida y el ser de esa sociedad. En este sentido, la función primordial de los ritos de pubertad es hacer suyo en el que va a ser iniciado, un sistema de sentimientos que esté en conformidad con la sociedad en la cual vive y del cual ella depende para su existencia. La pubertad es una de las transiciones más importantes en la vida de una persona. Ayer un niño, hoy un joven en el umbral de la adultez. El cuerpo siente los mensajes hormonales como emociones a la velocidad de la luz, y la mayoría de las veces dejan confusión y miedo. En tiempos anteriores, esta transición estaba acompañada de un rito, y así se acentuaba esta nueva etapa de desarrollo y se compartía con los allegados. Si ignoramos estas experiencias y dejamos que pasen desapercibidas, nos estamos privando a nosotros mismos de una oportunidad para sentir la magia en cada momento de la vida misma.