Son los autores de esta antología: Franca Ackermann, Morabia Berroeta, Alejandra Lollett, Mariela Malaret, Francis Marcano, Adelis Marquina, Klara Ostfeld, Flavia Pesci Feltri y Josefa Vegas, quienes presentaron sus textos, a lo largo de este año, en el género literario que les fue afín. Así, leemos en este libro colectivo, a manera de intertextualidad, la pureza de los poemas de Mariela, la aguda poesía en prosa de Flavia, la nostálgica crónica de Franca, los curiosos cuentos de Francis, los novedosos cuentos para abuelos de Josefa, la lección de vida del relato de Klara, la femenina narración de Morabia, la frescura de la novela de Alejandra y los textos contundentes de Adelis, toda una gama de géneros que conciben lo confesional, lo humano, lo que del vivir destila la creación literaria. ANTESALA es un trabajo de nueve individualidades que reunidos conforman una enriquecedora unidad, que ha fusionado su bagaje vivencial, y ha consolidado su literatura en grupo. He compartido con ellos y les he extendido, como una genética cadena, lo que el poeta Eleazar León me legó durante mi iniciación en los avatares de la poesía. Mas, en este taller, lo primero que prevaleció fue la libertad de escritura del texto, puesto que tuvo la particularidad de englobar por igual los diferentes géneros literarios, y mi latente poesía titilando, que a la vez, aprendió de este sólido grupo de talleristas, a entregarse ante las otras prioridades de expresión escrita. Mi vivencia con estos autores es que sus preguntas respondían más que mis respuestas. He transitado por el mismo camino que ellos, la misma pasión y asombro. Lo que se reveló, a medida que sucedían las sesiones, en las cuales tratábamos conceptos, estructuras y técnicas de escritura, fue, cual manto que tejen penélopes de vidas, la interioridad de cada uno y la reafirmación de su voz personal para simbolizarla en voz literaria. Porque la sinceridad de la escritura reside en ampliar la resonancia del sí mismo, para de allí extraer la voz. | | En este taller fijamos aspectos trascendentales para examinar el acto de escribir, mas, también el acto del vivir. Un taller de estímulo, de sensibilización literaria, y desde allí, un taller de vida. Del cómo contar con la intuición literaria, además del trabajo constante de la hechura de las palabras, manteniendo presente lo estructuralista del lenguaje, el paso de la escritura libre a la corrección sintáctica y semántica, la disposición y aplicación de los recursos expresivos para lograr que el texto contenga el sentimiento y pensamiento puramente humano y vital. Lo que creo haberles prefijado es, primero, la liberación del inconsciente creativo para soltar la escritura y después, la consciente y concentrada tarea de corrección. Así, confabulé con este grupo de ocho mujeres y un caballero, en torno a la mesa cuadrada que redondeábamos los lunes al mediodía. Les animo, no como ambición desmedida, sino para asumir la tarea del escribir, la hechura de textos, como si fuesen destinados a ser leídos por una futura civilización, que cuando hallase los escritos, no en una biblioteca posiblemente exterminada, sino en el satélite que ronde el espacio sideral, preservando las obras de la humanidad; lea, perciba, sienta, que es la mujer y el hombre, el ser humano, quien escribe lo que vive, lo que siente, al igual que el lector que lo lee, siente y vive. Mis amigos talleristas, les deseo un muy buen camino en la literatura y vida. Astrid Lander 
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