CENTRO DE ESTUDIOS JUNGUIANOS

   

ANTESALA

Antología Literaria


  

 

 

Celebramos la puesta en circulación de este libro del

Taller de Actualización Literaria del Centro de Estudios

Junguianos, en Caracas, como fruto del trabajo creador

realizado por los talleristas en el año 2009.

 

 

         

Adelis Marquina, Falvia Pesci Feltri  y Klara Ofteld

 

Franca Ackermann

 

Edgar Vidaurre abrió el encuentro.

 

Alejandra Lollet,Francis Marcano, Astrid Lander,Ana María Velázquez,Morabia Berroeta, Adelis Marquina y Josefa Vegas

  

Palabras de presentación del libro Antesala, del Taller de creación literaria de Astrid Lander, en el Centro de Estudios Junguianos, CEJ.

Por Ana María Velázquez

Primero que nada quiero agradecer al grupo de talleristas y a la profesora Lander el honor que me han hecho al nombrarme madrina del libro.

Sandor Marai afirmaba que la escritura es una manera de vivir de la que es imposible desentenderse: “Acabé por comprender que no tenía escapatoria, que nadie era responsable de mi destino, que debía entregar mi vida a mi obra por entero y sin condiciones, que debía vivir así, bajo la presión de esa idea fija, de esa manía, atravesando desesperadas épocas de huida y volviendo siempre a la otra vida, a la del papel. La escritura es, ante todo, una manera de vivir. El escritor debe vivir una vida de escritor o, por lo menos, una vida digna de un escritor…Ésa es una condición innegociable.” (Confesiones de un burgués, p.462)

Un escritor, una escritora, vive una vida acorde con su arte. Simplemente no hay otra forma de hacer literatura que escribiendo, trabajando y sintiendo que no hay nada en la vida que ejerza una fuerza de atracción superior a lo que hacemos. La escritura ordena el caos y le otorga sentido a la experiencia vital, tal como hace la psicoterapia. De allí esa imposibilidad de huida porque es equivalente a la imposibilidad de escapar de uno mismo, de encontrar paz en otro lugar que no sea la escritura, en los muchos exilios que hacemos, que pueden durar mucho o poco. Por eso uno se inscribe en un taller de escritura, lee hasta el cansancio en las madrugadas o cursa estudios en una Escuela de Letras, ardua labor en la que, para hacer un solo ensayo final, el estudiante debe leerse, al menos, cinco libros de la bibliografía obligatoria, por materia, cada semestre y así por cinco años.

Asimismo hay exigencias en los talleres de escritura. No sólo está el compromiso de lectura y análisis de los textos sino el de escribir. Hay que esforzarse en hacer del lenguaje no una transcripción del mundo sino un instrumento que convierta la experiencia humana en algo significativo. Muchas de las exigencias de un taller de escritura nos pueden parecer inútiles, pero pronto nuestros maestros nos hacen ver que son necesarias para llegar a escribir y transmitir nuestras ideas, sentimientos y pensamientos con claridad mediante el lenguaje, la imagen, la metáfora y la memoria. 

Todos tenemos algo que contar porque el lenguaje mismo es “fabular”, “inventar” (la palabra proviene del latín “fabulare”=hablar) y queremos hacerlo de la mejor manera posible en un texto que asombre y conmueva al lector y que, además, posea características que lo coloquen en el orden de lo literario. Sin embargo, sólo algunos se atreven a cruzar esa “antesala”, ese umbral que simboliza el comenzar a escribir, el entrar en un taller de literatura, el someterse a la búsqueda implacable de la palabra poética, del argumento preciso, de la imagen que pueda ser evocada por todos, labor febril del escritor, y el asumir que no hay nada más importante en la vida que aquel poema, aquel cuento, aquel ensayo, aquella crónica, aquella novela.

Un taller de escritura, por lo general, es el primer lugar de encuentro con otros “condenados, sin posibilidad de huida”, con otros desesperados que, por épocas, intentan huir hacia la realidad inmediata y concreta sumergiéndose en un “hacer” titánico y repetitivo, llevando la roca de Sísifo hasta la cumbre de la montaña, cada día, para después verla, con impotencia, rodar cuesta abajo, sin que se pueda hacer nada por evitarlo. “Mira la cara de Sísifo, cómo llora”, decía Albert Camus, es un ser desesperado que pronto encontrará otro “hacer” titánico (desmesurado) en el que sumergirse tratando de escapar de sus verdades últimas. En un taller hay que arriesgarse, hay que soltar la roca, dejar de lado lo que da seguridad, el miedo a no ser perfectos. “No hay escapatoria”, hay que asumir un destino propio, como decía Marai, “sin condiciones”. Es la única forma de hallar una voz, esa palabra nuestra que sea el hilo conductor, no hacia el afuera, hacia los posibles lectores, sino hacia dentro, hacia lo más profundo del laberinto personal en el que esperan por nosotros, pacientemente, todos nuestros Minotauros, pero también, todas nuestras infinitas posibilidades de transformar, de hacer alquimia, de encontrar oro en las cavernas más oscuras.

Por eso hoy felicito a los integrantes del Taller de Expresión Literaria de Astrid Lander, del Centro de Estudios Junguianos de Caracas. Los felicito por haberse atrevido a cruzar ese importante umbral, por haber soltado la roca y llegar hasta el final, por darnos hoy este maravilloso libro Antesala. Estoy segura que, con la guía de esta excelente profesora, lograron sacar de sí lo mejor que hoy nos entregan.

 

  

      

   

Flavia Pesci, Alejandra Lollet y Mariela Malaret

 

Klara Otfeld y Trudy  O.

de Bendayán

 

La madrina recibe el libro Antesala

 

Alejandra y Franca con amigas y familiares.

         

Gisela Bello y Adelis Marquina

 

Morabia Berroeta

 

Astrid Lander y Francis Marcano

 

Josefa Vegas

      

Astrid Lander y Mariela Malaret

 

Astrid Lander, Flavia Pesci y Adelaida Padilla

 

Lidia Salas, Eglee Medina e Isabel González 

  

Franca,Mariela,Francis,Flavia,Josefa y Adelis.

 

 

 

 

 

         

 

Son los autores de esta antología: Franca Ackermann,

Morabia Berroeta, Alejandra Lollett, Mariela Malaret, Francis

Marcano, Adelis Marquina, Klara Ostfeld, Flavia Pesci Feltri y

Josefa Vegas, quienes presentaron sus textos, a lo largo de

este año, en el género literario que les fue afín. Así, leemos

en este libro colectivo, a manera de intertextualidad, la

pureza de los poemas de Mariela, la aguda poesía en prosa

de Flavia, la nostálgica crónica de Franca, los curiosos

cuentos de Francis, los novedosos cuentos para abuelos de

Josefa, la lección de vida del relato de Klara, la femenina

narración de Morabia, la frescura de la novela de Alejandra y

los textos contundentes de Adelis, toda una gama de

géneros que conciben lo confesional, lo humano, lo que del

vivir destila la creación literaria.

 

ANTESALA es un trabajo de nueve individualidades que

reunidos conforman una enriquecedora unidad, que ha

fusionado su bagaje vivencial, y ha consolidado su literatura

en grupo. He compartido con ellos y les he extendido, como

una genética cadena, lo que el poeta Eleazar León me legó

durante mi iniciación en los avatares de la poesía. Mas, en

este taller, lo primero que prevaleció fue la libertad de

escritura del texto, puesto que tuvo la particularidad de

englobar por igual los diferentes géneros literarios, y mi

latente poesía titilando, que a la vez, aprendió de este sólido

grupo de talleristas, a entregarse ante las otras prioridades de

expresión escrita.

 

Mi vivencia con estos autores es que sus preguntas

respondían más que mis respuestas. He transitado por el

mismo camino que ellos, la misma pasión y asombro. Lo que

se reveló, a medida que sucedían las sesiones, en las cuales

tratábamos conceptos, estructuras y técnicas de escritura,

fue, cual manto que tejen penélopes de vidas, la interioridad

de cada uno y la reafirmación de su voz personal para

simbolizarla en voz literaria. Porque la sinceridad de la

escritura reside en ampliar la resonancia del sí mismo, para

de allí extraer la voz.

 

 

 

 En este taller fijamos aspectos trascendentales para

examinar el acto de escribir, mas, también el acto del vivir. Un

taller de estímulo, de sensibilización literaria, y desde allí, un

taller de vida.

 Del cómo contar con la intuición literaria, además del

trabajo constante de la hechura de las palabras,

manteniendo presente lo estructuralista del lenguaje, el paso

de la escritura libre a la corrección sintáctica y semántica, la

disposición y aplicación de los recursos expresivos para

lograr que el texto contenga el sentimiento y pensamiento

puramente humano y vital.

 

Lo que creo haberles prefijado es, primero, la liberación

del inconsciente creativo para soltar la escritura y después, la

consciente y concentrada tarea de corrección.

Así, confabulé con este grupo de ocho mujeres y un

caballero, en torno a la mesa cuadrada que redondeábamos

los lunes al mediodía.

 Les animo, no como ambición desmedida, sino para

asumir la tarea del escribir, la hechura de textos, como si

fuesen destinados a ser leídos por una futura civilización, que

cuando hallase los escritos, no en una biblioteca

posiblemente exterminada, sino en el satélite que ronde el

espacio sideral, preservando las obras de la humanidad; lea,

perciba, sienta, que es la mujer y el hombre, el ser humano,

quien escribe lo que vive, lo que siente, al igual que el lector

que lo lee, siente y vive.

 

Mis amigos talleristas, les deseo un muy buen camino en

la literatura y vida.

 

Astrid Lander

 

 

Sin el alma, no hay forma de salir de este tiempo" C.G.Jung