CENTRO DE ESTUDIOS JUNGUIANOS

 

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Reseña sobre Agujeros Negros de Morabia Berroeta

Por Josefa Vegas 

 

A través de Agujeros Negros, de Morabia Berroeta, podemos ver una serie de encuentros. Encuentros con amigas donde se descubre y comparte lo íntimo, pareceres que aligeran los pesares y presagian encuentros de miradas profundas y penetrantes que lo dicen todo.

“Recuerdo el primer día que llegaste a mi vida. Una tarde como cualquier otra, salí a almorzar con unas amigas, fuimos a un restaurante japonés, donde frecuentemente nos reunimos para ponernos al día en los últimos detalles de nuestras vidas. Entre la comida y el vino, mucho más vino que comida, hablábamos y nos reíamos de nuestras alegrías e infortunios, de nuestros proyectos y fracasos. Tampoco dejábamos de mencionar los cambios en nuestros rostros y cuerpos, que empiezan a recordar que los años de oro han comenzado a decaer”

 Agujeros negros habla de riesgos tomados, momentos furtivos que promueven la inspiración y una visión distinta de la vida.

Muestra una claridad, apertura y libertad que sorprende. Una manera de ver la vida, el transcurrir de sus días, la aceptación  del devenir.     Espacios llenos de esa naturaleza generosa, que provee las uvas para el vino que acompaña los encuentros y  pájaros que nos recuerdan y representan el amor.

“Tu esencia es la libertad del vuelo,sin ataduras, desnudo al mundo, sólo con tu hermoso plumaje, verde, amarillo y azul. Sé que al verte libre volarás y no sabrás regresar”

“Recordando nuestro primer encuentro, quise ponerte un nombre: Cupido. Para los griegos un agapornis, es el pájaro del amor, ágape es amor; ornis es pájaro, quintaesencia del dichoso querubín, jugueteando con su arco y sus flechas, renaciendo en las almas de los humanos las más ardientes pasiones. Si así te llamé, mi pequeño agapornis, con circulares ojos, agujeros negros, que cada noche al lado de mi cama velas mis sueños desde tu jaula, para que al despertar con tu dulce piar, me anuncies que debo levantarme y continuar con el difícil comenzar de mis días”

 

Agujeros negros relata sobre el amor y el encuentro con uno mismo y con el otro. Ese amor que  alegra los momentos, como lo expresa con gran sentir Morabia.

 Con gran cariño, fue muy grato para mi, leer y leer tu relato.

 

 

Reseña del Cuento El Abrigo Rojo de Klara Ostfeld.

Por Francis Marcado

 

 

 Este cuento de Klara Ostfeld destaca una narrativa llena de imágenes, sentimientos y musicalidad.

El tema es actual, tiene cabida en el ayer, en el hoy y, es muy probable que también lo sea en el mañana. En el texto, la narradora describe personas y situaciones de una manera tan cercana que el lector se ve a sí mismo formando parte de las ellas, viviendo los instantes como en un film. El lector padece, sufre, sonríe, se admira, anticipa hechos que no necesariamente tienen el desenlace esperado, y se sorprende por los caminos por los que transita la trama. El lector también está llamado a agudizar el oído porque los sonidos expresados con palabras son también elementos que determinan instantes importantes. El sentido del olfato interviene a ratos, tufos y aromas son experimentados por los personajes. El gusto, el tacto no son ignorados y la vista se recrea en los paisajes presentados.

El ritmo del relato es acompasado, luego, se detiene, comienza nuevamente, se desliza tranquilo hasta tornarse en una vorágine que deja sensaciones de angustia, para, finalmente, estabilizarse.

Los personajes principales del cuento son mujeres, mujeres sensibles, que ríen, que padecen, que aman en contextos diferentes.

Klara nos enfrenta a unos personajes de ficción que nos llegan al alma.

Klara conoce bien el sentimiento femenino y lo expresa en dos mujeres bien definidas, por un lado la mujer del abrigo rojo quien vive una vida de miseria absoluta, miseria material y humana. Una mujer mal vista por todos, pero requerida por algunos para saciar instintos. Cito:

 

“Su taconeo tenía un propósito, ya que con el acostumbrado tip…tipi…tip… anunciaba a los clientes rezagados que ella estaba disponible.

En su interior pensaba: Desde hace tiempo he dejado de preocuparme por los demás, por mí tampoco lo hicieron”.

En contraposición hay otra mujer que está alerta y en abierta defensa de lo suyo, lo humano y lo material. Una mujer que cobija a los suyos, pero también se deja cobijar. Que vive una vida tranquila, serena y no permitirá que nada ni nadie invada su plenitud de vida. Cito:

Ambos, por separado, añoraban la época en la cual habían sido felices. En el comienzo de su vida matrimonial tenían la risa a flor de labios, y cualquier motivo era válido para dar rienda suelta a las carcajadas.

 Los elementos de la naturaleza intervienen en el relato, el frío, el calor, el viento, y un estremecimiento de la tierra. Son precisamente esos hechos los que unen a estas dos mujeres. El destino las mimetiza en una. La que se levanta por encima de todas las atrocidades es la Madre. La Madre con abrigo rojo, o la madre que pierde al hijo. Cito:

“Sus miradas estaban fijas en la mujer, hacedora del milagro, la “Gran Madre”.

El lenguaje utilizado es rico, intenso, sin divagaciones. Nada falta, nada sobra.

La narrativa de Klara se entremezcla con elementos poéticos. Cito:

“Con el despunte del crepúsculo mañanero, el oído materno percibe una agradable sinfonía, el balbuceo del bebé. Melodía familiar que induce la dulce modorra. Está bien dejarse ir de vez en cuando. Hoy es el día”.

Sin duda, este primer trabajo de ficción de Klara contiene todos los elementos para hacer creíble la historia.

Cuando nuestro grupo del Alma inició sus Talleres de Creación Literaria el lunes 14 de marzo del 2009, Klara, quien ya era una escritora consumada, con varios best sellers en su haber, expresó: ‘Estoy aquí ya que quiero escribir ficción porque nunca lo he hecho’.

¡Lo hiciste, y muy bien Klara!

Te felicito.

En Las Mercedes de Caracas el 20 de julio de 2010

Francis Marcano M.

 

 

Reseña de los cuentos de Francis Marcano  "Angelina Guinaldi"

Por Alejandra Lollet

 Los cuentos de Francis Marcano parecen escritos sobre la piel de un ser humano y poseen la cualidad que tiene la literatura latinoamericana El imaginario mágico.

Su descriptiva es autentica. Puedes palparla a través del papel, disfrutar de los aromas y recrearte con los sonidos. Ella puede encontrar en la vicisitud la conclusión para algunos de sus cuentos.

Asistimos a diferentes escenas con la descripción física de los espacios, como si estuviéramos presentes en ellos. El autor caracteriza sus personajes con nombres singulares, producto de una fértil imaginación.

El relato de La Señorita Angélica Guinaldo, maestra recta con la vida tradicional de una mujer entregada a su profesión, nos trae recuerdos de niñez de las historias contadas por nuestros abuelos de alguien con las características de este personaje.

El Taburete de pensar es la piedra angular de las reuniones de la familia luminosa de Luz Alguidigue y Guillermo Luces y sus hijos Helio Sol y Lucia. El taburete es el protagonista de este cuento, tanto por el uso cuantitativo que se hace de él como por el desenvolviendo psíquico que describe la historia familiar,

Soledad, que la apodarían Solita, decide nacer en la Semana Mayor. Francis propone un juego de imágenes contrastantes: un nacimiento a una nueva situación y la necesidad de dormir para esperar a su mamá.

El pacto de amigas, Romina, Maximina, Guillermina y Carmina es descrito por el tono de voz de cada una de ellas. La autora permite que se muestren, se describan, se comporten, se manifiesten para bordar una trama que deberá ser recontada.

Ella, como observador externo, consiente que los personajes tejan sus propios hilos y construyan su carácter.

Los cuentos de Francis no nos dejarán indiferentes, recordaremos la talla del brassier, el taburete de pensar o a la Señorita Angélica Guinaldo.

Porque estos cuentos son como ella: ingeniosos, alegres, autóctonos y espontáneos.

Francis es palabra escrita y es voz, es nudo y solución, es música y silencio, es realidad y magia, es alma y corazón.

Gracias Señorita Guinaldo por haber corregido a Sofía

 

 

 

Reseña de la Poesía de  Mariela Malaret

Por Flavia Pesci Feltri

 

 

 Mariela Malaret, arquitecto, cibernética a ultranza, citadina y amante de Caracas, activa muy activa, siempre deseosa de transmitir sus pensamientos, mujer que avasalla con su inteligencia y sus agudos comentarios se nos presenta como poeta, y ante la palabra, ante su propio milagro de creación, surge la calma, el regreso al alma, al interior.

 Leer la poesía de Mariela es sumergirse de una forma natural a los misterios más profundos e irresolubles de la existencia humana; ella nos devela con sutileza y resignado asombro, el paso inexorable del tiempo que, en su camino circular e infinito nos permite intermedios para poder reinventarnos. Y así nos dice:

 Tictac

a  campo abierto

en emboscada

iniciamos los intermedios

ideando mundos de espejo para  cambiarnos de traje

 

Nos habla de nuestra concreta existencia como un simple encuentro azaroso, que a los ojos del universo carece de importancia pero que, sin embargo, es lo indisoluble, el milagro, la antesala en la que todo sucede.

Comulga con la naturaleza y se acopla a ella vistiéndose de árbol, fuente de sabiduría, de paciencia, de entrega, de sombras, de savia; y brinda, celebra, sabiéndose ceniza.

Recorre la memoria como el tiempo vívido que murmura las más recónditas y únicas intimidades de su ser.

 Y nos habla del amor, como recuerdo intacto, incomprensiblemente presente que nos inunda y nos vuelca toda la intensidad del océano, de la lluvia, de los ríos; recuerdos que van y vienen, diluyéndose en las estrellas, transformándose en rocío. La cito:

 

A veces los recuerdos

se vienen conmigo

estallan las olas

se vuelven estrellas

rocío

me empapan la vida

 

 

Y en este discurrir de su palabra, nos abre el espacio del tiempo, de la vida, del origen, de la existencia, del amor; y Mariela como buen arquitecto -que sabe su oficio porque advierte el ambiente físico que la rodea y reconoce la vida humana para comprenderla-, ella, la poeta, del aparente espacio vacío nos reconduce con su palabra a la plenitud del ser.

 20 de julio de 2010

 

 

Reseña de poesía de Adelis Marquina

por Mariela Malaret

 

“Miro el precipicio tras mis espaldas y allí están los que fui siendo”

                        Adelys Marquina.

Hacer la reseña de un compañero en esta aventura que hoy culmina es un verdadero placer. Durante año y medio Adelys ha sido amigo y a veces también maestro, mostrándonos su mundo “imágenes que viajan de regiones inverosímiles” surgen palabras pronunciadas en lugares y momentos propicios:   intermite.

En sus       textos        posiciones      solturas,   viajamos en la memoria del pasado con esperanzas de códigos para las texturas futuras. Adelys nos lleva a instalarnos en este presente del que nos dice: ”Dejo de tener manos y las huellas dactilares habían migrado a su rostro, dejo de tener rostro y solo era una interfaz       un dato       se habían quebrado todos los espejos”.

De esta manera en su lectura nos empuja a dejar atrás lastres para vivir la plenitud del ahora. “Comprendí para que había rasgado la membrana tras la grieta de aquel huevo dinosaurico que siempre estuvo allí, pero que solo hoy advertí”.

 

Un breve cuento “de todos”:

Al entrar en la antesala la sensación de “dèyá vu” me recorrió por completo, sobre la silla negra un abrigo rojo olvidado recorría el tiempo como una letanía. Yo llegue la primera y me invadió el estar desolada, poco a poco fue entrando la alegría con mis compañeros.

Cómo en un sueño, me vi en la sala de espera del aeropuerto de Torino preguntándome: ¿ quiénes compartirían estos   instantes de vida antes de despegar?.

 Las sillas se fueron ocupando, a mi lado, la señorita Guinaldo y el simpático Froilán. Frente a mí una silla repleta de mi soledad.

¿A quién pertenecería el abrigo rojo? 

 El tiempo pasaba, no existía fuera ni dentro, intermite en tránsito hacia las complejidades.

Percibí se ocupaba la silla vacante, su mirada me volvió vulnerable en la profundidad del misterio de esos inmensos agujeros negros, como un amante que no se sienta a tu lado sino siempre al frente, y sin hablar sostenerte desde esa parte del cuerpo que se esconde en la penumbra.

 Miro al precipicio tras mis espaldas y allí están los que fui siendo, quiero decirle, me quedo contigo sólo hasta mañana a las cinco.     ¿Quién era él?    Tan roja como el viejo abrigo, brotaron de mis labios destellos de amatista, un saludo, una despedida   “buen camino”

Antes de partir, vi a Sophie secarse las lágrimas después de leer la última página de su libro, efímero desencanto cual aleteo de un colibrí.

 La palabra escrita existe en el idioma, en el sentir de lo invisible.

Al partir a todos nos aguardan   las posibilidades.

 Mariela Malaret

20 julio 2010

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sin el alma, no hay forma de salir de este tiempo" C.G.Jung